Con las maletas llenas de sueños, José Espinoza, “el che” como lo llaman sus amigos, partió rumbo a Panamá cuando la oportunidad se le presentó, sin pensarlo dos veces. La idea de trabajar en el exterior, surgió desde que vio necesario hacer el sacrificio para poder recoger el dinero , comprar instrumentos y grabar un disco para su proyecto musical.
Durante los días que “el che” volvía al país en vacaciones, para juntarse con su amigo y compañero de banda, Gregory, se grabaron las dos primeras canciones que fueron enviadas a las radios nacionales y publicadas desde las cuentas de estos dos chavalos, quienes sin darse cuenta, se estaban posicionando entre los más sonados, aunque el público todavía no sabía a ciencia cierta quiénes eran estos “Digan Whisky”.
Tres años después, con dos integrantes más y varias canciones grabadas, cantando desde el escenario del Festival Son Nica, “el che” y sus compañeros ven a los asistentes corear “Búmeran”, una de sus canciones más reconocidas. El nombre “Digan Whisky” ya es una referencia en el imaginario colectivo, muchos jóvenes asisten a sus conciertos, su cuenta oficial de YouTube cuenta con algunas miles de visitas y “el resto es historia”.
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Al igual que estos jóvenes emprendedores, muchos músicos en Nicaragua luchan por sus propios medios para hacerse un espacio en la escena nacional. Recorren un trayecto largo, en el que, al igual que en todas las profesiones, se enfrentan a miles de obstáculos antes de llegar a la cumbre de los escenarios.
“Pobre. Muy pobre, es bien difícil abrirse espacio aquí en Nicaragua”, expresa después de un largo suspiro, Mario Ruiz, el director del proyecto Emerge, una plataforma diseñada para apostar a la juventud, la innovación y la diversificación de los géneros musicales nicaragüenses, para abrir ese espacio a más bandas emergentes.
Dinero
Para Mario, los primeros desafíos son: presupuesto y audiencia. La mayoría de los músicos son universitarios o profesionales que deben estar dispuestos a hacer grandes sacrificios para poder comprar instrumentos e intentar montar un concierto de calidad para que sea “atractivo para el público”.
Mario menciona: “Aunque ahora hay más estudios de grabación en el país, los precios siguen siendo elevados, los artistas consideran que para los estudios resulta productivo hacer publicidad porque es más barato y rápido que trabajar con bandas emergentes”.
Por otro lado, obviamente, la audiencia juega un papel crucial en el desarrollo de las bandas musicales nuevas. Mario, con más de veinte años de experiencia en la música nicaragüense, considera que el principal consumidor de esta, es el segmento rockero; sin embargo, aún es “mínimo” el consumo de la música nacional.
Las bandas participantes del IV Emerge reciben formación en organización de eventos, producción musical, derechos de autor y posicionamiento de marca, temas abordados en los conversatorios realizados en la iniciativa que les permiten reducir los gastos y les muestra un “abc” a seguir en su camino a la superficie.
Lo que dicen los músicos
“Necesitas dos cosas: el producto creativo, lo mejor que podás dar de vos mismo. Lo segundo es, tener a alguien que se encargue de proyectar a la banda” manifiesta Jorge Miranda, bajista de la banda jinotepina Beware of Monkeys, finalista de esta temporada de Emerge. Los integrantes de esta banda, también consideran que para continuar en esta carrera, es esencial la comunicación asertiva, el trabajo en equipo y los deseos de superación.
Para José Espinoza, vocalista de la banda, el verdadero desafío supone crear una propuesta original, con un estilo propio y único para diferenciarse del resto y sobresalir como banda. Dejar la vida en las producciones sin dejar de disfrutar la experiencia, “practicar y componer como si todo fuera una venganza. No usar drogas ni alcohol y tener algo de suerte.”
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Las bandas
“Decir que nos va bien, es difícil. No se puede decir que se puede vivir de esto” menciona Mario Ruiz, quien además es músico de las agrupaciones nacionales MillyMajuc y Garcín. Esta opinión es compartida por casi todos los artistas, al momento de enfrentarse a la realidad, las bandas emergentes despiertan y se dan cuenta que dedicarse únicamente a la música en Nicaragua, no les hará ricos.
Además, en el intento de emerger, los músicos juegan a la ruleta rusa con el público. En la música, y en cualquier manifestación artística, se ha adoptado recientemente una cultura de dura crítica, manifestada especialmente las reacciones del público de las redes sociales pueden incidir directamente en la forma que los músicos se desenvuelvan.
Caminos alternos
A pesar de todo, al igual que las adversidades, las oportunidades también van en aumento. Bares, auditorios y conciertos masivos están dando el chance de que poco a poco, las bandas emergentes puedan colarse en la escena nacional.
Movistar abrió la convocatoria a bandas emergentes consolidadas para competir entre sí y disputarse un puesto en el “line-up” del Son nica, considerado el festival musical nacional más grande en la actualidad, y dio espacio a dos bandas ganadoras y otros músicos emergentes.
Obviamente, el uso de la tecnología y las plataformas virtuales para la proyección de la música nacional es un puente gigante, les permite “estar al nivel de cualquier banda, de cualquier país” añade Mario Ruiz, les abre puertas incluso fuera de Nicaragua. “Algunos artistas están grabando, y están haciendo sus propios conciertos, sacaron álbumes, se suenan las canciones en las radios y los chavalos están tocando que es lo importante.” concluye.










