Hanna Gabriel es una mujer influyente y exitosa en Costa Rica. Es dos veces campeona del mundo en boxeo, rompió con los estereotipos y saltó a la fama en un país donde el futbol masculino es el deporte rey.
Hoy, con 36 años de edad y manteniendo el estatus de monarca 154 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), casada con el excampeón mundial interino Bryan “Tiquito” Vásquez y madre de Mía Gabriels, su única hija, la campeona tiene una vida totalmente realizada.
Pero abajo del ring, es donde Gabriels ha sufrido los golpes más contundentes, teniendo que sacudirse el polvo de la lona y levantarse para caminar al éxito. Con 5 años, siendo una infante, Gabriels fue abusada sexualmente, fue víctima de maltrato en una relación, le mataron a un novio al que quiso muchísimo, y en el plano profesional vio truncada su carrera como competidora de atletismo, producto de una lesión.
Pero eso no fue todo, tuvo que irse a Estados Unidos buscando un mejor porvenir para su familia. Como hija mayor asumió la responsabilidad de garantizar el alimento a sus padres y de 5 hermanos, trabajando en un salón de belleza. Después regresó a Costa Rica con 20 años y 216 libras. Pero fue la obesidad la que precisamente le abrió las puertas al boxeo de pura casualidad. “Mi papá me dijo que practicara este deporte para bajar de peso”, cuenta Gabriels, una mujer que físicamente no parece boxeadora. Su piel morena, cuerpo imponente, ojos color miel, y sobre todo su carisma y humildad, no reflejan la fiera en la que se convierte cuando sube al ring.
En esta entrevista, Gabriels habla un poco sobre sus inicios en el boxeo, algunos de los momentos más difíciles en su vida personal, lo que hace fuera del ring cuando no tiene combates programados, cómo es su matrimonio con un boxeador, y el sueño más importante en su carrera profesional: enfrentar a la mejor peleadora del mundo.
Cuénteme un poco de sus inicios en el boxeo, ¿cómo es que se convirtió en peleadora?
Mis inicios son un poco extraños, porque yo practiqué atletismo hasta los 18 años, pero me retiré por una lesión. Después me fui por un tiempo a Estados Unidos, regresé a Costa Rica con mucho sobrepeso, llegué a pesar 216 libras. Entonces a través del boxeo pude bajar, mi padre fue peleador y él me sugirió que practicara este deporte. Eso fue cuando tenía 20 años. Hasta los 26 tuve mi primera y única pelea amateur, pues de inmediato pedí mi pase al pugilismo profesional.
¿Cómo logró ganar reconocimiento en un deporte como el boxeo y en un país como Costa Rica, donde el futbol es el deporte rey?
Dios tiene un propósito. Soy una persona particular en muchos sentidos, pero es el Señor (Dios) quien abrió las puertas. La gente ha encontrado en mí algo diferente, mucha gente se me acerca y me dicen: “Mis hijos quieren ser como usted”. Mi personalidad ha atraído a la gente. Hace 10 años a algunos no les gustaba que fuera boxeadora, decían que era “machorra”, lesbiana; escuchaba un montón de estereotipos. Hoy existe un cambio de perspectiva, de que los prejuicios hay que quitarlos.
¿Qué es lo más difícil que le ha tocado vivir en el plano personal y en su carrera como boxeadora?
En lo personal varias cosas. Cuando doy charlas motivaciones le digo a la gente que a veces vemos gente exitosa, pero no pensamos que quizás han pasado por momentos duros. Cuando tenía 5 años fui abusada sexualmente, cuando viví en Estados Unidos estuve en una relación tóxica, en la que sufrí violencia doméstica, más que todo abuso sicológico, perdí a un novio al que quería muchísimo, lo mataron, esa fue una pérdida grande, me dolió demasiado.
Pero la vida me ha premiado, conocí a mi esposo maravilloso Bryan “El Tiquito” Vásquez, con quien tengo una hija de 5 años, de nombre Mía. Un mes después de tener a mi hija por cesárea en el 2013, empecé a entrenar y al año siguiente disputé y gané el título 147 libras de la OMB. Entonces entendí que en la vida hay períodos buenos y malos. No menciono cuando perdí el cetro - ante Oxandia Castillo- porque esto es una competencia, se gana o se pierde. En lo profesional, lo más duro ha sido ver cómo los atletas tienen pocas oportunidades de alcanzar sus sueños, pero el que quiere salir adelante lucha y alcanza sus metas.
¿Usted cree que el trato que reciben las campeonas del mundo es comparable con el de los hombres?
Soy muy respetada. En general se me trata con cariño, no tengo quejas sobre eso. En el aspecto en el que sí considero que hay injusticia es en el salario. Pero estamos en una etapa en la que hay mayor reconocimiento al trabajo de las mujeres. Muchas hicieron su aporte en el pasado, pero no recibieron el reconocimiento. Espero que si mi hija llega a boxear, le vaya mucho mejor que a mí en lo económico.
¿Ha sufrido alguna vez discriminación, menosprecio o comentarios machistas en su carrera como peleadora?
Sí, y los he recibido por ser morena. Pero pienso que cuando la gente busca como ofendernos es porque cargan con un resentimiento, eso no nos tiene que definir como personas. Lo más importante es lo que uno cree.
¿Dónde está hoy el boxeo femenino y cuánto ha costado generar interés?
Creo que está en una buena posición. Ahora hay una fanaticada que quiere ver a las mujeres, eso tiene que ver con que nosotras ponemos el alma en el ring.
¿Cuál es su opinión de la boricua Amanda Serrano, ganadora de 7 títulos en diferentes divisiones?
Es un monstruo. Ella ha buscado ser campeona en diferentes divisiones, la respeto muchísimo. Mi fin no es ser campeona en distintas categorías, me gustaría unificar y pelear con Cecilia Braekhus, que es el combate de mis sueños.
¿Usted subió a 160 libras en busca de un tercer título, perdió ante Claressa Shields, cree que fue un error haber tomado esa pelea o intentará nuevamente convertirse en tricampeona?
Esa pelea fue la mejor del año 2018. En realidad no busqué el título de las 160 libras, lo que pasa es que a Clarissa le cuesta conseguir rivales. Entonces la AMB me dio permiso de ascender de división sin perder mi título de las 154. Así que tomé la pelea como una oportunidad de mostrar mis habilidades y creo que logré la misión. Clarissa es una mujer más fuerte y más joven. Recuerdo que decía que iba a noquearme, y al final no pudo respaldar sus palabras.
Hablemos un poco de su vida personal, ¿qué hace fuera del ring, cómo es Hanna Gabriels, dónde vive, cómo es un día en la rutina de Hanna?
Me levanto a las 4:00 a.m. para atender a mi hija que va al Kinder (escuela), tengo que dar clases en el gimnasio. Cuando no estoy entrenando a tiempo completo, doy charlas motivacionales, tengo mis ingresos extras por esa parte. Hago visitas sociales, doy clases por la tarde y atiendo a mi hija en la noche. Cuando estoy en campamento de entrenamiento mis días empiezan a las 2:00 a.m.
Usted se casó con Bryan “El Tiquito” Vásquez, verdugo de algunos peleadores nicaragüenses, ¿puede contarnos un poco de eso, cómo se dio esa conexión?
Lo de nosotros es otro de esos planes de Dios, porque al inicio nos negamos a tener una relación, no queríamos nada. Pero hubo un momento que ya no pudimos evitarlo, luego de tres meses de noviazgo, sabía que quería ser su esposa y nos casamos.
Bryan y yo guanteamos en el gimnasio, nuestra hija nos mira y se pone de lo más contenta, nos pregunta: “Papa, mamá, ¿quién ganó?”, y nosotros le decimos que no sabemos, que ambos somos campeones. Nuestra hija en la casa solo ve amor, eso es parte de lo que podemos mostrarle a las personas que tiene una idea errónea del boxeo.









